Cruzó una avenida bastante amplia, y se metió en un callejón secundario, más oscuro aún que el resto de las calles de su ciudad, tan levemente iluminada por las defectuosas farolas. Aquí apenas había luz, pero era el camino más corto hacia su casa. Su hogar, aquel único lugar en este planeta donde podía sentarse y meditar tranquilamente, encerrarse en su mundo y olvidar todo lo que está fuera de él.
Repentinamente, sintió como se animaba. Al fin y al cabo todo esto pronto terminará, en unos meses cumplirá la tan ansiada edad de 18 años, y podrá irse allá donde quiera, buscarse su propia vida. Lejos, muy lejos de esta pesadilla. Se encontrará nuevos amigos, amigos de verdad. Quizás una novia, con la cual se casará y formará una familia feliz. Trabajará en algo que le guste, quizás se haga escritor. Su vida será perfecta.
- Chico, ¿Me podrías indicar la hora?
La voz que sonó detrás de él le pilló completamente desprevenido. Odiaba cuando alguien le sacaba de sus pensamientos de forma tan brusca, pero no era odio lo que sentía ahora, sino miedo. Miedo a esa voz seca y áspera, que sonó como un trueno en la densa oscuridad del callejón aparentemente asolado. Miedo a perder su vida sin saber qué le deparará el futuro. Miedo a girarse y ver los ojos de la persona que le quitaría la vida.
Y, a pesar de todo, se giró.
Su alivio no podía ser mayor.
Vale, el hombre que le hizo la pregunta tenía aspecto siniestro, pero no era él en quién se había fijado. Al lado suya, cogiéndole de la mano, avanzaban dos niños de muy temprana edad, con caras que irradiaban felicidad.
"Curioso que el hecho de que una persona, por muy tenebroso que fuera su aspecto, cuando está acompañada de unos críos se gana toda la confianza del mundo." - Pensó Johnny, y se arremangó y miró su caro reloj, regalo de cumpleaños, para contestar la duda formulada por el desconocido.
- Son las doce y... - Antes de poder acabar la frase, se fijó en lo que había detrás de su mano extendida. Vio otra vez a los niños... Pero ahora se dio cuenta de que había unos extraños hilos saliendo de sus pies en dirección al hombre. Levantó su cabeza hacia éste, y un ligero suspiro salió de su boca. Un suspiro que inevitablemente sale de la boca de una persona cuando su corazón es atravesado por un cuchillo de acero.
El hombre sonreía, y el moribundo Johnny olvidó el dolor que le producía la navaja, aterrorizado por esa horrible expresión de sadismo que pudo ver en la cara de su asesino.
- Tan íntimo, el proceso de robar un alma a tu víctima, - Sonrió el desconocido. - ¡Me encanta este siglo! Niños eléctricos, cómprate un par y nadie sospechará de ti, ¡Ja-jajajaja!
La risa del hombre fue lo último que escuchó Johnny, se ha ido fusionando lentamente con la oscuridad del callejón que ahora le devoraba. Sentía como su vida era succionada por el cuchillo cuando sus ojos se cerraron por última vez.
¿Y bien? ¿Qué os pareció este pequeño texto? A mi personalmente me encanta ^^, ¡Por fin pude escribir algo donde reflejar todas mis ocultas tendencias a la violencia! Pero bueno, hablando en serio, este es el "preview" de un proyecto secreto que tengo entre manos, oh, estoy seguro de que os volará la cabeza cuando sea publicado, pero lamentablemente aún no puedo daros más información.
Espero que hayáis disfrutado leyendo este pequeño texto igual que yo disfruté creándolo esta fría noche de otoño.
Demasié tio, es brotal.
ResponderEliminarBrütal legend of Johnny, quizás ese título le habría pegado mejor. Me alegro que te haya gustado.
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